viernes, 15 de enero de 2010

Una foto vale más que mil palabras? No siempre.

Hay una frase que dice "una imagen vale más que mil palabras" y en algunas ocasiones es cierto, pero en muchas otras no estoy de acuerdo. Hay veces en que una imagen por si sola se ve simple y aburrida, pero acompañada de una buena descripción, o inclusive la pura descripción de la misma puede hacerla muchísimo más interesante. Voy a tratar de ejemplificarlo con una imagen al azar, bueno casi al azar, lo primero que salió en google al poner "room". La idea es leer primero la descripción narrativa y después ver la imagen.

A pesar de la luminosidad absoluta en aquel cuarto, algo lo hacía lucir como un viejo salón, la escena se veía bastante tétrica. dos personas cruzaban a toda prisa el salón y un guardia se encontraba permanentemente parado junto a la puerta, pero aún así un sentimiento de vacío y soledad imperaba en el ambiente. El salón era un simple cuarto cuadrado, de paredes blancas, desde mi punto de vista podía ver un candelabro de oro que colgaba pesadamente del centro de un techo muy alto y abovedado el cual estaba decorado con adrnos dorados al estilo de los viejos palacios ingleses, el candelabro de 20 velas (que en realidad eran focos) tenía una columna central con varios anillos de diferentes tamaños, y en la parte inferior una semi esfera de la cual brotaban ocho brazos en forma de letra S horizontal que contenían los pequeños focos, mismos que desde mi punto de vista lograban con su forma perfectamente crear la ilusión de ser pequeñas velas.

La bóveda del techo estaba enmarcada también por molduras que resaltaban de la pared y repetían un patrón parecido a los matacanes que resguardan las almenas de los castillos, y debajo una franja repleta de adornos diminutos que a la distancia aparentaban ser ramas y flores dando un aspecto de realeza y opulencia digno de un palacio.

En la pared justo enfrente de mí había dos cortinas que colgaban pesadamente de un travesaño colocado justo debajo de la franja y las molduras que enmarcaban la bóveda, y de ahí hasta el piso caían como un telón blanco esperando el fin de la función para cubrir por completo la pared. En esa misma pared había al centro una puerta, del tamaño de dos veces la altura de un hombre, cuadrada, con una ventana que abarcaba toda su anchura y de altura desde el borde superior de la puerta hacia abajo hasta más o menos el pecho de un hombre. La gran ventana tenía un doble marco y dos imponentes vidrios por los que entraba toda la luz del exterior. A cada lado de la puerta había una ventana de la misma altura, con la mitad de anchura de la puerta cada una, dando más esplendor a aquella pared. Debajo de cada una de esas dos ventanas había una silla de madera oscura con cojin blanco, y respaldo en forma de una letra D girada 90 grados a la derecha. El guardia, vestido de impecable traje negro y camisa blanca, miraba con expresión de añoranza por una de aquellas ventanas, sosteniendo en la mano lo que parecía un libro o tabla de registro. El hombre, de edad madura parecía distraído, no prestando atención a nada de lo que sucedía a su alrededor. su espalda encorvada y estómago abultado eran un reflejo de una vida aburrida, pasiva, y la forma en que daba a la espalda a la puerta, simplemente ignorando su entorno, tocando con su rodilla la silla casi a punto de recargarse en ella me hicieron pensar en que ese hombre solo quería salir de ahí, tal vez era su actitud una de las cosas que hacían de aquella escena un impactante cuadro de soledad.

en la pared derecha, lejos de mí, casi al llegar a la pared del fondo colgaba un cuadro empotrado en un grueso marco dorado, el marco por si solo parecía una obra de arte, moldeado con formas que evocaban los escudos de armas de las familias reales. La pintura que exponía no se podía distinguir con claridad desde mi lugar, sin embargo sus colores eran opacos y de ánimo gris, a pesar de ser el único cuadro en el lugar, no llamaba la atención ni se apetecía acercarse a verlo. El piso pulido reflejaba las siluetas de quien pasara por ahí, pero más reflejaba la enorme cantidad de luz solar que penetraba por las grandes ventanas, dibujando en el suelo del salón franjas blancas fantasmales.

A pesar de lo insaboro de la pintura, un hombre vestido de traje se acercó a verla más de cerca. Con las manos en la espalda caminaba por la sala haciendo un eco en cada pisada y al llegar a estar cerca de la pintura se acercó como queriendo entrar en ella, o tal vez queriendo salir de aquél lugar en el que nos encontrábamos. El hombre llevaba en sus manos también un documento.

Del lado izquierdo, a pocos metros de mí se encontraba una mujer, que ajena a la presencia del guardia y del hombre que caminaba, tenía una pose pensativa, un brazo descansando sobre el estómago y el otro tocándose la barbilla, bien podría parecer que se encontraba admirando una pieza de museo, pero su mirada se veía más bien ida, perdida dentro de si.

Las tres personas que se encontraban en la sala eran completamente ajenos unos a otros y no parecían tener el más mínimo interes en saber qué hacían o pensaban sus cohabitantes. Las tres figuras incluso tomaban una apariencia fantasmal enmarcados por aquel entorno limpio e iluminado casi a grado enceguecedor.

Si tuviera que nombrar aquel lugar lo llamaría sin dudas: soledad.

OK. Tal vez fueron más de mil palabras, pero si alguien leyó eso de seguro se imaginaron una escena llena de detalle, etc...
la foto en la que me basé está aquí:
Nada fuera de lo común verdad? de hecho es una foto bastante aburrida que yo no vería por más de 5 segundos, pero después de describirla noté muchas cosas que no había notado a primera vista, eso prueba mi teoría? no se.

2 comentarios:

  1. Creo que prueba tu teoría y por cierto muy buena idea lo del blog, hasta se me antojó hacer uno

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  2. Totalmente de acuerdo. Me encanta tu narraiòn y eso que la foto està bien equis. Y Hèctor, definitivamente debes hacer un blog. Aunque escribas una vez al mes de seguro valdrìa la pena.
    - Lux

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